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De Pittsburgh a Ares para ver a la virgen de la Merced
27 Maio 2015 07:10
26 de mayo. Martes de Pentecostés. Como cada año, la ermita de La Merced, en la parroquia aresana de Cervás, abre sus puertas para celebrar el tradicional Voto de Chanteiro, una costumbre religiosa con la que los vecinos de Ares y Mugardos agradecen a la virgen que les librase de la mala meiga de la peste hace ya más de seiscientos años.

Tras la misa, largas colas para calmar el apetitito con un buen trozo de empanada, corros de amigos disfrutando de la música de gaitas y tambores y, dentro de la ermita, algunos fieles poniendo velas a la virgen y retratándose ante su imagen para la posteriodad. Entre ellos se encuentra Amalia Doce Mayobre, una aresana entrada ya en canas que hace pocos días recorrió más de cinco mil kilómetros para reencontrarse con su tierra natal y, ya de paso, con su venerada Virgen de la Merced. «Es que yo nací en Chanteiro, pero a los once años me marché a Pittsburg, en los Estados Unidos, a donde había emigrado mi padre para trabajar en una mina. Mi madre, mi hermano, mi hermana y yo cogimos el barco en A Coruña y tardamos dos semanas en llegar», chapurrea en español con un fuerte acento americano.
Echando la vista atrás, Amalia explica que, desde que se marchó a Pittsburgh, tan solo volvió a Ares en tres ocasiones. La última hace ya casi veinte años. «Pero la de ahora está muy emocionante y especial, porque es la primera vez que me acompaña mi familia», dice al tiempo que presenta a su hijo James, su nuera Tiffany y sus nietos Ana Rosa, Lauren, Jacob y Nico. Mientras habla, algunos conocidos se acercan a saludarla. Ahí está Lito, con el que Amalia solía jugar en los campos de Chanteiro cuando eran niños. O sus primas Lolita, Victoria y Dina, con las que se funde en un gran abrazo tras fotografiarse junto a su familia ante el altar de la ermita.

Con tanto reencuentro, no hay quien le borre la sonrisa de la boca. Tan solo fruce el ceño Amalia al fijarse en la imagen de La Merced. «Mi madre reunió dinero en América para comprarle una medalla a la virgen, pero ahora veo que no la lleva puesta», dice disgustada. «Pues es verdad», comenta su prima, aclarando que hace algunos años sí la lucía. «¡Pues habrá que preguntarle al cura, no vaya a ser que la hayan robado!», suelta alguien a renglón seguido.
Pero el enojo no tarda en desvanecerse. Ya fuera de la iglesia, el sol brilla, las gaitas suenan y la gente disfruta de la romería. Ana Fernández cumple con el «ritual» junto a su hija Sabela y su marido. Fina hace lo propio con su ahijada, otra Fina loca por Chanteiro. Y Xosé Fernández Barcia, el alcalde de Mugardos (aunque ya por poco tiempo), luce sonrisa con su mujer de un brazo y una ristra de rosquillas en el otro. Pero, hoy, en Chanteiro, nadie saborea tanto la fiesta como Amalia, la aresana de Pittsburgh.

LA VOZ DE GLAICIA, 27 DE MAIO DE 2015
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