Sirena de la isla de las Mirandas

En la mitología griega, las sirenas eran concebidas como seres fabulosos con la parte inferior del cuerpo de un ave, y con la superior de una mujer alada. Así describe Homero a las que le cantan a Ulises en su viaje de Troya a Ítaca.

Pero la sirena que nadaba por los mares de Ares era muy distinta a las griegas. Igual que las que cuentan que se veían por toda Europa ya desde la Edad Media, la nuestra era una sirena marina. Mujer bella y atractiva hasta la cintura, como las princesas de los cuentos, pero pez con cola rosada y llena de escamas de plata hacia abajo, con un color que recordaba a un salmonete gigante.

La sirena que habitaba en Ares era inquieta y habladora, y le daba por charlar con gaviotas y cuervos marinos, que le contestaban con sus gritos incomprensibles. Algunas veces, jugaba en medio de un banco de peces o con los delfines que visitaban la ría. Luego quedaba sola y pensativa, y se iba a tomar el sol por las playas de Perbes y de Centroña y por los arenales del oeste de Ares, pero siempre se tenía que sumergir en el mar cuando llegaban personas. Frecuentaba las desiertas islas Mirandas, aunque por allí también pasaban pescadores a robar un poco de aceite de la boya y calentar con él la comida. ¿Por qué asustaba a la gente? ¿No podría ser ella una muchacha normal?

Un día fue sorprendida en una playa por un hidalgo de los más poderosos de Galicia, que se quedó totalmente enamorado de ella. Se casó en secreto con la sirena y la llevó para casa. Con el paso del tiempo lejos del mar, le cayeron las escamas y la piel de la cola y pudo por fin tener hijos. Nunca más se sintió sola la sirena de las Mirandas.

Cuentan que este es el origen del linaje de los Mariño, que tienen por armas unas olas azules.

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A COVA
DOS MOUROS

Se conoce como ‘mouros’ a aquellos moradores humanos de Galicia que vivían en el subsuelo, habitando grandes guaridas y túneles. Los mouros se dedicaban de manera principal a la extracción de oro y otros metales y presentaban el mismo aspecto que los humanos. La única excepción estaba en sus viviendas, siempre bajo suelo, ocultas al resto de la sociedad. Los mouros también tenían la capacidad de mover enormes piedras y abrir túneles en las rocas, y fue a ellos a quienes se atribuyó la excavación de la extraña y famosa Cova dos Mouros situada en la parroquia de Cervás.

Sin embargo, hay algo que diferencia esta cueva del resto que se hallan en otros lugares: los motivos de su construcción son totalmente misteriosos. Es una cueva oscura situada al borde del mar y se desconoce si fue construida de manera individual o colectiva, ni tampoco quiénes fueron sus verdaderos moradores.

Existen versiones que exponen que fue empleada como refugio en épocas de bandolerismo o invasiones de vikingos piratas e incluso normandos; otras leyendas y ficciones cuentan que fue un refugio de los ‘escapados’ republicanos durante los primeros años de la posguerra española y también se fantasea con la idea de que actuó como un pasadizo que se prolongaba hasta la parroquia de Mehá-Mugardos, antes de los derrumbes de su interior. Incluso se habla de que era realmente peligroso adentrarse en ella, por los posibles gases tóxicos que emanaba y que podrían asfixiar a quienes entrasen.

La única certeza es que no existe ningún dato documental referente a esta misteriosa cueva, así que si dejan volar su imaginación, ¿cuál creen que fue el motivo que llevó a los mouros a realizar esta insólita y laboriosa obra?

Cova dos Mouros

LEYENDA DEL VOTO DE CHANTEIRO

En el año 1404 la epidemia de la peste afecta a la comarca de Ferrolterra, lo que conlleva un gran número de muertes en la zona. Esta tragedia sólo podía ser vencida por intersección divina y es así como piden a la Virgen de Chanteiro que cese la misma. Esta virgen era de gran devoción para los pueblos marineros, de hecho, la dicha ermita era la que veían los pescadores tanto al entrar como al salir de la ría y la saludaban con los remos en alto.

Se dice que a esta Virgen acudieron los representantes de los pueblos de la comarca para implorar la desaparición de la epidemia. Esto sucedía en los días inmediatos a la Pascua de Pentecostés.

La epidemia remitió y las gentes de la zona decidieron realizar una ofrenda (voto) de agradecimiento. La ofrenda era entregar seis libras de cera para iluminar la capilla, así como renovar el voto anualmente. Le ofrecían a la Virgen una flor y se colocaba en sus manos: la flor de Chanteiro. El voto era ofrecido por Ferrol, A Graña, Ares y Mugardos.

Una vez efectuada la ofrenda religiosa comenzaba la fiesta profana y la romería propiamente dicha. Con el tiempo la celebración profana fue teniendo cada vez más fama. Ferrol pidió la conmutación del Voto en 1839, más tarde Ares abandonó esta ofrenda después de la Desamortización y fue recuperada en 1954. En cuanto a Mugardos, las autoridades dejaron de celebrarlo durante la II República, recuperándose después de la Guerra Civil.

Los que nunca dejaron de asistir a Chanteiro, el martes de Pentecostés, fueron las gentes de las diversas aldeas de la comarca, que continuaron con la devoción a la Virgen milagrosa, en una tradición que ya cumplió más de 600 años. En la actualidad el día del Voto de Chanteiro, es fiesta local en Ares y Mugardos.