Los castros solían situarse en lugares característicos del paisaje, espacios donde la propia naturaleza proporcionaba por sí misma grandes facilidades defensivas. También se construían cerca de las tierras cultivadas, para dominarlas visualmente desde el pueblo.

Una de sus grandes características es que estaban rodeados de murallas y otros sistemas defensivos, aunque se descarta que tuviesen una necesidad de defensa, sino más bien de protección arquitectónica.

Aunque existe poca o ninguna documentación extensa sobre ellos, son un recurso fundamental para imaginar cómo vivían y se agrupaban nuestros antepasados sobre el territorio.

En Ares, cinco pequeños restos de castros sintetizan la pegada prerrománica a lo largo de sus distintas parroquias.

Castro
Mourón

Se encuentra en la punta de Caamouco, en el actualmente se ven unas sencillas defensas y un foso en el istmo.

Castro de
Ares

Situado en un altozano de 41 metros de altura entre la playa del Raso y la Ensenada de Ares.

Castro de
Lubre

A unos 150 metros de la Iglesia de Santa Eulalia de Lubre, en un lugar llamado Agro do Castro permanecen unas rebajadas defensas circulares.

Castro de
Cervás

Los muros y defensas de este antiguo castro llegan a tener en algunos puntos siete metros de altura.

Castro de
Santa Mariña

Al lado de “A Cova dos Mouros” se encuentra el Castro de Santa Mariña, en un pequeño promontorio donde se conservan restos de una antigua batería militar.

Puente de la Ciscada

Puente de origen romano que recibe a todo visitante en la entrada principal del municipio. Data del siglo XVI y su sencillez hace que sea de gran atractivo para la toma de fotografías. Su proximidad a la playa y su localización en la alameda lo convierten en el emblemático puente de la localidad.